Astillero de nuevo presente, columna de Hernández López
Oaxaca y Atenco
Julio Hernández López
Maestros y APPO, de nuevo en lucha
A un año del virus mexiquense del miedo
Reformar, verbo socialmente insuficiente
Con la llegada de mayo cobrará más fuerza la reunificación de maestros de la sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) que, a pesar de la desproporcionada represión en su contra, sigue viva y activa. Las maniobras de división que en su momento realizó el gobierno foxista, con monseñor Carlos Abascal como principal engañador, dejaron como saldo promesas a los profesores oaxaqueños que a la fecha no sólo no han sido cumplidas sino que son eludidas y desconocidas por el nuevo ocupante de Bucareli, el jalisciense Francisco Ramírez Acuña. Este primero de mayo, profesores y miembros de la APPO se manifestarán públicamente, con sus viejas demandas de nuevo al frente: respuesta a las exigencias del magisterio y deposición del tirano Ruiz. El 1 y el 2 habrá paro de labores docentes y se analizará la posibilidad de que esa suspensión se convierta en indefinida hasta la resolución de las demandas. Y el 2 se tomarán edificios públicos y dependencias gubernamentales, con la mira puesta en el zócalo oaxaqueño, hasta ahora expropiado a la vida cívica y política (ayer mismo, burócratas estatales en marcha contra reformas en materia de pensiones rompieron el cerco policial y se manifestaron en ese sitio altamente significativo). Más lo que siga en ese mismo mayo.
El 4 del mes en puerta se cumplirá un año de la represión anunciante de la mano dura como fórmula para enfrentar conflictos sociales y electorales. Los gobiernos federal y del estado de México decidieron enfrentar con pedagógico ánimo sanguinario las movilizaciones de pobladores de San Salvador Atenco que antes habían dado el mal ejemplo de impedir la construcción de un negocio aéreo sexenal en tierras comunales. Reprimir con crueldad el movimiento del Frente de los Pueblos en Defensa de la Tierra sirvió para instalar en el país el virus paralizante del miedo. A la vista de todos fue expuesta la manera como el poder castigaría disidencias. Las leyes fueron retorcidas y los procesos envilecidos para mantener en prisión a líderes, entre ellos Ignacio del Valle.
Hoy, Oaxaca y Atenco son parte del escenario devastado pero no exterminado. Allí sobrevive la organización social en defensa de sus derechos, mientras las instituciones suman agravios a la gran lista nacional, como en el caso de Zongolica. Mandadas al diablo por sí mismas, esas instituciones, y sus operadores devaluados, sueñan con arreglos y cambios superficiales, acordados entre elites que sólo buscan preservar sus intereses. Reformas del Estado, anuncian, cuando cada vez queda menos Estado y cuando reformar se ha convertido en un verbo insuficiente
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