¡OAXACA NO SE VENDE!

15, 07, 2008

Breve texto sobre el OPROBIO ECOCIDA

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EL COMERCIO VORAZ

Leonardo da Jandra 

                                                                                  

Es común hoy en día que los comerciantes –sobre todo los medianos y grandes comerciantes- sean los partidarios más aguerridos de los políticos reaccionarios y antipopulares. En las campañas políticas, desde la presidencia municipal y la diputación local hasta la gobernatura y la propia presidencia de la república, el dinero y los votos de los comerciantes están generalmente detrás de los candidatos más antidemocráticos.

    En la sociedad azteca los comerciantes (pochteca) fungían también como espías del gobierno imperial, y no pocas de las expediciones punitivas tenían como origen el asesinato de estos parásitos chismosos por parte de alguna comunidad harta del vasallaje. En el Imperio romano no eran infrecuentes los estallidos populares ante la especulación inmoral por parte de los acaparadores de granos. Y tales hábitos detonadores de inestabilidad y rencor social, no mejoraron sino que empeoraron con el paso de los siglos.

    Sin embargo, sería torpe y absurdo estigmatizar al comercio por culpa de la voracidad de que actualmente hacen gala los grandes consorcios comerciales. En los orígenes de la cultura occidental la difusión de la filosofía, la estética, la política y la espiritualidad sería impensable sin las rutas y los medios de transporte potenciados por el comercio.

    Con el paso del tiempo el comercio justo y civilizador se ha ido convirtiendo cada vez más en una forma legalizada de rapiña, que hace posible la concentración de las mercaderías en unos cuantos monopolios gigantescos. Así no sólo se aniquila la calidad y la diversidad propias de los pequeños comercios, sino que se concentra el poder económico en unas cuantas empresas que castigan a los proveedores alargando hasta el límite el pago de las mercancías, y castigan también a los consumidores ofreciéndoles pura basura barata.

    Lo que acaba de suceder en la ciudad de Oaxaca con un predio plenamente arbolado y adquirido por la cadena comercial Chedraui, es funa muestra más de la insensible voracidad de los grandes consorcios comerciales y, sobre todo, un ejemplo ilustrativo de la diferencia brutal que seguimos padeciendo entre legalidad y justicia en nuestro endeble estado de derecho.

    Es cierto que la Constitución de la República mexicana avala y protege los derechos de propiedad. Pero este derecho no debe entenderse como una garantía incondicional para hacer de la propiedad lo que al propietario le venga en gana. El dueño de una propiedad es parte de una totalidad social, y el beneficio y el bienestar de la totalidad determina y rige en última instancia el comportamiento de cada una de sus partes. Así, el dueño de un predio no es libre de hacer lo que quiera con su propiedad, sino que debe cumplir con los respectivos requisitos de la ley –municipal, estatal y federal-, y hacer del conocimiento de los vecinos cualquier proyecto, con la finalidad de buscar un consenso armonizante.

    Durante decenios los dueños del capital han cooptado sistemáticamente a los políticos para hacer y deshacer lo que les venía en gana. Hoy los tiempos, afortunadamente, están cambiando. Lo que sucedió en ese predio arbolado de la colonia Reforma es un acto de bárbara arbitrariedad que no debe quedar impune por parte de la ciudadanía y, fundamentalmente, por parte de las autoridades. Desde muchos años atrás los vecinos del predio en cuestión venían recurriendo al diálogo para tratar de encontrar de la manera más armoniosa un arreglo entre las partes. La tesis central de los vecinos es en esencia inobjetable: Parques y zonas arboladas cada vez hay menos en la ciudad; por el contrario, tiendas departamentales hay ya demasiadas. ¿Por qué, entonces, como muestra de respeto e inteligencia la empresa Chedraui no se sumó al proyecto de expropiación que los vecinos y el municipio proponían? Simple y sencillamente por voracidad; la misma voracidad que caracteriza a las fieras de colmillo y garra.

    Decía Platón en su República que las leyes no se aplican tanto para castigar al infractor cuanto para evitar que el delito se repita. Las diferentes instancias de gobierno deben actuar con el máximo rigor para evitar que tamaña atrocidad se repita, y la ciudadanía debe exteriorizar el rechazo y sumarse a la condena dejando de comprar en todas las tiendas del consorcio ecocida. Sólo así tanto los políticos corruptos como los comerciantes voraces podrán entender que los tiempos han cambiado, y que están para servir a la ciudadanía, no para servirse inmoralmente de ella.

http://mx.youtube.com/watch?v=R7rUUisvsiI 


 

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