¡OAXACA NO SE VENDE!

7, 03, 2009

LEGALIZAR Y REGULAR el consumo, el comercio y la producción de las DROGAS ilegales, ÚNICA SOLUCIÓN CONTRA EL NARCOTRÁFICO: artículo del Reforma

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FCH: equivocado
Jaime Sánchez Susarrey
7 Mar. 09


El presidente Calderón declaró a Le Monde: "Yo comparto la idea de que legalizar (el uso de la droga) equivale a resignarse a perder varias generaciones de mexicanos (…) En tanto Estados Unidos no modifique su propia legislación al respecto, sería absurdo. Convertiríamos a nuestro país en el paraíso de la droga y el crimen" (Reforma, 6/III/09).

La toma de posición del presidente de la República pasa por alto dos hechos fundamentales. El primero es que, tal como lo advirtió la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, integrada entre otros por los ex presidentes Cardoso (Brasil), Gaviria (Colombia) y Zedillo, la estrategia de penalización del uso de las drogas no ha logrado contener el consumo en toda América Latina.

Las cifras en el caso de México son más que elocuentes. Según el secretario de Salud del gobierno de Calderón, José Ángel Córdova, el número de consumidores en México aumentó 50 por ciento al pasar de 158 mil personas en 2002 a 307 mil personas en 2008. Además de que en ese mismo periodo el número de personas que alguna vez probaron droga subió de 3.5 millones a 4.5 millones, lo que representa 28.9 por ciento más respecto de 2002 (Encuesta Nacional de Adicciones 2008).

Por otra parte, la experiencia internacional muestra que allí donde ha habido legalización de la marihuana (Holanda) o del alcohol (Estados Unidos en los años treinta) el consumo no se ha disparado. Milton Friedman, Premio Nobel de Economía 1976, da un testimonio contundente: "La prohibición se suprimió en 1933, cuando yo tenía 21 años, así que yo era un adolescente durante la mayor parte de ella. El alcohol estaba fácilmente disponible. El contrabando era común. La idea de que la prohibición del alcohol impedía a la gente beber era absurda. Había tabernas clandestinas por todas partes. Aún más. Teníamos el espectáculo de Al Capone, los secuestros, las guerras de gángsteres…".

Y concluye: "Existen cifras estadísticas incluidas en publicaciones acerca de la cantidad de alcohol consumida. Esas cifras suben abruptamente inmediatamente después de la época de la prohibición, pero se refieren al consumo ‘ilegal’ de alcohol. Si tomamos, como he hecho, las tablas de consumo de alcohol antes y después de la época de la prohibición, dicho consumo vuelve más o menos a donde estaba y durante el periodo posterior, si se ha movido ha sido disminuyendo, no en términos absolutos, sino en relación con la población y el crecimiento relativo de los ingresos".

En el caso de la marihuana, la experiencia es similar. Después de 30 años de despenalización, Holanda ha demostrado que los argumentos de que el consumo se dispararía son totalmente falsos. El empleo de la cannabis por los holandeses se encuentra en un nivel intermedio entre los países europeos, siendo Portugal el de menor nivel (por cierto, un país que desde hace dos años está en un proceso de legalización de todas las drogas) y el Reino Unido el de mayor consumo. En Holanda hay 16 millones de habitantes y sólo 400 mil consumidores, es decir, 2.5 por ciento de la población.

En lo que se refiere a la legalización de las drogas en Estados Unidos, Felipe Calderón está mal informado o simplemente ignora lo que está pasando del otro lado de la frontera. En 12 estados de la Unión Americana, Alaska, Arizona, California, Colorado, Hawaii, Maine, Nevada, Oregon, Rhode Island, Vermont, Washington y recientemente Nuevo México, se ha legalizado el uso de la marihuana con fines terapéuticos para aliviar los síntomas de enfermedades como el cáncer, la esclerosis múltiple, el glaucoma, epilepsia, sida y otras. Pero el uso medicinal es tan laxo que en algunos de ellos igualmente se prescribe para la ansiedad y el insomnio.

A la luz de estos hechos, resulta absurdo decir que en México no se puede hacer nada mientras las cosas no cambien en Estados Unidos. Del otro lado de la frontera las leyes están cambiando y van en el sentido de la despenalización del consumo de la marihuana, que por lo demás es lo que está ocurriendo en varios países europeos. En Portugal, España, Alemania, Italia, Dinamarca, la República Checa y Holanda, de hecho o de derecho, la no criminalización del consumo de la marihuana es ya una realidad. En Dinamarca está permitida la posesión de hasta 10 gramos de hachís o 50 gramos de marihuana; en caso de poseer una cantidad mayor, la primera vez el portador podrá ser sólo amonestado; la sanción más frecuente es la aplicación de una multa.

Existen otras razones para abrir y no cancelar, como ha hecho el presidente de la República, el debate sobre la legalización de la marihuana en México. La primera de ellas es de orden estrictamente político. El poder económico y de fuego de los narcotraficantes es enorme. Mucho mayor de lo que imaginó inicialmente el propio Felipe Calderón. A la fecha, los cárteles de la droga no han sido golpeados ni debilitados. El mejor ejemplo lo constituye "El Chapo" Guzmán, que sigue libre y operando. Al mismo tiempo, la espiral de la violencia se ha vuelto incontenible y el riesgo mayor es que las Fuerzas Armadas (el Ejército y la Marina) sean corrompidas por los narcotraficantes.

La manera más simple de propinarle un golpe muy severo a los cárteles de la droga sería legalizar el consumo y la producción de marihuana. Según John Walters ex zar antidrogas de la Casa Blanca, los capos mexicanos obtuvieron en Estados Unidos 13 mil 800 millones de dólares en el 2007, de los cuales más de 8 mil millones (58 por ciento) provinieron de la venta de marihuana. Bastaría entonces legalizar el consumo y la producción de la cannabis para que los ingresos de los narcotraficantes se redujeran drásticamente.

Nadie plantea que con ello se liquidaría el poder del crimen organizado, pero sólo un obtuso (o mal intencionado) negaría que así se le asestaría un golpe más duro que todos los decomisos que ha habido hasta la fecha o, incluso, que la aprobación de la Ley de Extinción de Dominio. Existe otro efecto adicional que es igualmente importante. La base social del narcotráfico está vinculada, por razones obvias, al cultivo de la marihuana. Hay quien estima que en esa lógica el 50 por ciento de los municipios ya está penetrado o controlado por los narcotraficantes. La legalización de la marihuana permitiría que los campesinos aumentaran sus ingresos de manera legal y se desvincularan ipso facto del crimen organizado.

Felipe Calderón no es un hombre liberal. Fue formado en una tradición conservadora. Pero en esta materia, y ante la gravedad de la situación, haría bien en abrir los ojos y los oídos. El futuro ya nos alcanzó.

 

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